Understanding Night Terrors in Babies: Guidance for Concerned Parents

Understanding Night Terrors in Babies: Guidance for Concerned Parents

Los terrores nocturnos en los bebés pueden ser una experiencia angustiante para las familias, ya que a menudo generan confusión y preocupación.

Los terrores nocturnos son episodios de despertar repentino y aparente agitación durante el sueño del bebé. A diferencia de las pesadillas, suelen producirse en las primeras horas de la noche, cuando el bebé se encuentra en una fase de sueño más profundo.

Son más frecuentes en la infancia y rara vez se prolongan hasta la edad adulta. Generalmente comienzan alrededor de los 9 meses de edad y pueden persistir hasta aproximadamente los 12 años. Aunque no se conocen todas las causas, existen algunas posibles explicaciones para los terrores nocturnos en los bebés. El sistema nervioso del bebé aún está en proceso de maduración, lo que puede hacerlo más propenso a estos episodios.

Además, el cerebro del bebé sigue desarrollándose y permanece activo durante el sueño. Los terrores nocturnos ocurren durante una fase conocida como sueño NREM, en la que no hay movimientos oculares rápidos. Suelen aparecer en la fase N3 del sueño NREM, que corresponde al sueño profundo, del cual resulta difícil despertar al bebé.



Señales De Terrores Nocturnos

 

Las señales pueden incluir llanto repentino, respiración acelerada, sudoración excesiva y, en algunos casos, movimientos agitados. Es importante tener en cuenta que, durante un episodio, el bebé puede parecer inconsolable y no responder a los intentos de consuelo.


Cómo Pueden Afrontarlo Los Padres

  • Mantén la calma:
    Por más angustiante que resulte presenciar un terror nocturno, es fundamental que los padres mantengan la calma. Recuerda que el bebé, por lo general, no es consciente de lo que está ocurriendo.
  • Evita despertar al bebé:
    A diferencia de las pesadillas, despertar al bebé durante un terror nocturno puede aumentar la confusión y el malestar. En su lugar, obsérvalo de cerca mientras la agitación disminuye de forma gradual.
  • Crea un entorno tranquilo:
    Después del episodio, mantén un ambiente silencioso y relajante. Establecer una rutina de sueño constante puede ayudar a reducir la frecuencia de los terrores nocturnos.
  • Ofrece consuelo suave:
    Si el bebé llega a despertarse, bríndale calma y seguridad con gestos suaves. Evita la sobreestimulación, ya que puede prolongar la agitación.

Si los terrores nocturnos se vuelven frecuentes, interfieren con el sueño habitual del bebé o surgen otras preocupaciones, es recomendable consultar con un pediatra. Una evaluación profesional puede ayudar a descartar cualquier problema subyacente.

Aunque los terrores nocturnos pueden resultar difíciles para las familias, es importante comprender que, en la mayoría de los casos, se trata de una fase temporal del desarrollo infantil. Con paciencia, comprensión y una actitud serena, los padres pueden ayudar a minimizar el impacto de estos episodios y crear un entorno de descanso más tranquilo para sus pequeños.